Mary Barton
Mary Barton Pero jamás hubo joya ni morada del placer tan preciosa para un avaro o un enamorado como la convicción que ahora tenÃa Mary de que podÃa demostrar la inocencia de Jem sin que las sospechas recayeran sobre esa otra persona —querida y amada, aunque fuese un criminal— cuya participación en aquel cruel asunto ni siquiera se atrevÃa a considerar. Cada vez que lo hacÃa se planteaba la terrible incógnita: si todo iba mal para Jem, si el juez y el jurado lo condenaban al patÃbulo, ¿qué debÃa hacer ella que estaba en posesión de aquel terrible secreto? Sin duda, no culpar a su padre… aunque no obstante… no obstante… casi rezaba por la bendita inconsciencia de la muerte o la locura antes que tener que resolver este dilema.
Pero ahora parecÃa abrirse un camino. Afortunadamente se le habÃa ocurrido lo de la «coartada», y, aún más habÃa averiguado fácilmente el paradero de Jem aquella noche aciaga. La luz que arrojaba esta nueva esperanza casi la hacÃa sentirse agradecida también por la celeridad con que iba a celebrarse el juicio. SerÃa fácil dar con Will Wilson a su regreso de la isla de Man, que tenÃa prevista para el lunes; y el martes todo se habrÃa aclarado… al menos todo lo que ella se atrevÃa a desear.