Mary Barton
Mary Barton ¿Había que recurrir al propio Jem? ¡No! Lo conocía muy bien. Estaba segura de que ya había tenido ocasión de exculparse acusando a otro, y su tácita negativa a hacerlo había convencido a Mary de algo que nunca había puesto en duda y es que no acusaría al verdadero asesino. Por tanto, se temía que Jem no permitiera que se diese ningún paso para demostrar su inocencia. En cualquier caso, no podía preguntarle. Lo habían trasladado a Kirkdale y el tiempo apremiaba. Ya estaban a mediodía del sábado. E, incluso si pudiera haber ido a verlo, creo que no lo habría hecho. Quería averiguarlo todo ella: ser su libertadora, salvar su vida aunque no pudiera recobrar su amor por culpa de cómo se había portado. Y, además, ¿cómo iba a verle para hablar de un asunto en el que los dos sabían quién se había manchado las manos de sangre, si ni siquiera podían pronunciar su nombre porque, a pesar de sus muchos defectos y pecados, ambos lo querían?
De pronto, en cuanto dejó de hacer esfuerzos por recordar, acudió a su memoria el nombre del barco de Will: el John Cropper.
Estaba segura de habérselo oído decir varias veces. Lo había mencionado mientras conversaban aquella fatídica noche del jueves. Mary lo repitió una y otra vez, con un temor nervioso a volver a olvidarlo. El John Cropper.