Mary Barton
Mary Barton Y luego, como si despertara de un extraño estupor, pensó en Margaret. ¿Quién iba a atesorar más que ella hasta el último detalle de la vida de Will, ahora que era como si Alice hubiese muerto?
En estas cosas estaba pensando cuando entró una vecina a la que a menudo dejaban la llave cuando Mary y su padre se ausentaban de casa, y que por tanto se encargaba de recibir los recados que pudiera dejar algún amigo que encontrase la puerta cerrada.
—¡Tengo una cosa para ti, Mary! La ha traÃdo un policÃa.
Un trozo de pergamino.
A muchos les inspiran temor esos misteriosos pedazos de pergamino. Yo me encuentro entre ellos. Mary también. El corazón le dio un vuelco al cogerlo y reparar en la peculiar apariencia de la escritura, que, aunque legible, no logró entender, o más bien su inteligencia se negó a hacerlo, lo que, por otro lado, demuestra que, hasta cierto punto, sospechaba lo que decÃa.
—¿Qué es? —preguntó con voz carente de espÃritu.
—¿Cómo quieres que lo sepa? El policÃa dijo que volverÃa a pasar esta tarde para asegurarse de que lo hubieses recibido. Era muy reacio a dejarlo, aunque le expliqué quién era yo, lo de la llave y los recados.