Mary Barton
Mary Barton —¿Qué es lo que dice? —volvió a preguntar Mary, con la misma voz ronca y débil, mientras le daba vueltas entre los dedos como si temiera conocer lo que decÃa.
—Vaya, es raro que me lo preguntes cuando tú sabes leer y yo no. Mi marido dice que es una citación para que testifiques contra Jem Wilson en el juicio que se celebrará en el tribunal de Liverpool.
—¡Dios se apiade de mÃ! —exclamó, desfallecida y más blanca que la pared.
—Vamos, mujer, no te lo tomes asÃ. Nada que digas puede beneficiarle o perjudicarle mucho, la gente dice que lo ahorcarán sin remedio, y al fin y al cabo tu enamorado era el otro.
En otro momento estas palabras habrÃan sido como una punzada, pero estaba demasiado ocupada intentando imaginar la terrible ocasión de su reencuentro… ¡Menuda manera de verse dos enamorados!
—¡Bueno! —exclamó la vecina al ver que no tenÃa mucho sentido seguir al lado de una persona que apenas reparaba en sus palabras o en su presencia—, acuérdate de decirle al policÃa que te he dado el papel. ParecÃa convencido de que iba a quedarme con él; es el primero en mi vida que ha dudado de que fuese a dar algún recado o una nota.
Mary ni siquiera se dio cuenta de que se marchaba. Se quedó muy quieta con el papel en la mano.