Mary Barton
Mary Barton —Lo mejor será —dijo Job— que vaya yo a buscar a Will a primera hora de la mañana, y que tú, Mary, acompañes a la señora Wilson. Conozco a una mujer decente en cuya casa podéis alojaros y donde puedo pasar a recogeros cuando haya encontrado a Will, antes de ir a ver al señor Bridgenorth a las dos de la tarde; le explicaré que, ya que la vida de Jem depende de ello, no confÃo en ninguno de sus empleados para la tarea de dar con Will.
A Mary no pudo desagradarle más este plan. No soportaba la idea de delegar en nadie ni una sola de las medidas necesarias para salvar a Jem. TenÃa la sensación de que era su deber y su derecho. No querÃa que nadie llevara a cabo su plan; podÃa no tener la energÃa, la perseverancia o la desesperación necesarias para aprovechar cualquier oportunidad; en cambio, a ella su amor la dotarÃa de todas esas cualidades por terrible que fuese la alternativa en caso de que todo fracasara y condenasen a Jem. Nadie podrÃa compartir sus motivos, y por tanto nadie compartirÃa su gran interés ni su determinación desesperada. Además (y eso era puramente egoÃsta) no podrÃa resistir la incertidumbre de no hacer nada y no conocer el resultado hasta que todo se resolviera.