Mary Barton
Mary Barton El caso es que rechazó con energía e impaciencia todas las razones que adujo Job en apoyo de su plan; y, como es lógico, éste pensó que se oponía a ellas por pura testarudez. Insistió e intercambiaron algunas palabras airadas, por lo que de regreso a casa se creó entre ellos cierta atmósfera de distanciamiento.
Pero entonces intervino Margaret con su bondad, como un ángel pacificador, tan tranquila y razonable que los dos se avergonzaron de su irritación y dejaron tácitamente que ella resolviera la cuestión (creo, sin embargo, que Mary nunca habría cedido si Margaret hubiese decidido en su contra, por muy arrepentida y llorosa que se mostrara luego con Job, el hombre que quería ayudarla a salvar a Jem, aunque tuviera otra idea de cómo hacerlo).
—Es mejor que vaya Mary —le dijo Margaret a su abuelo en voz baja—, sé cómo se siente y es posible que pronto encuentre consuelo en ella pensar que hizo todo cuanto estuvo en su mano. De lo contrario podría creer que las cosas habrían podido ser diferentes. Déjela ir, abuelo.
El lector ya habrá notado que Margaret seguía sin estar demasiado convencida de la inocencia de Jem; además pensaba que, si Mary encontraba a Will y oía de sus propios labios que no había estado con él aquella noche de jueves, eso mitigaría en parte el golpe que iba a recibir.