Mary Barton
Mary Barton —Abuelo, deje que cierre la casa un par de dÃas y vaya a cuidar a Alice. Sé que no puedo hacer mucho —añadió en voz baja—, pero, si Dios quiere, lo haré; además, para eso está el dinero, puedo contratar a alguien para que haga lo que yo no pueda. La señora Davenport es muy diligente, conoce la enfermedad y el dolor, y puedo pagarle una temporada. Hagámoslo asÃ, abuelo. Acompañe usted a la señora Wilson y deje que Mary vaya a buscar a Will y ya volverán a verse todos después, ojalá tengan suerte.
Job aceptó entre gruñidos, pero con elegancia para tratarse de un anciano que unos minutos antes habÃa sido tan tajante.
Mary se sintió muy agradecida por la intervención de Margaret. No dijo nada, pero le echó los brazos alrededor del cuello e hizo un mohÃn para que la besara; incluso a Job le conmovió aquel bonito gesto infantil; y cuando la joven se le acercó como una niña se acerca a un adulto a quien teme haber ofendido, se agachó y la besó como si fuese su propia hija.
La bendición del anciano dio nuevas fuerzas a Mary.