Mary Barton
Mary Barton —Vamos, vamos, déjate de cuentos. Hace un rato dijiste que tenÃas la tarjeta de alguien que te ayudarÃa.
—La tenÃa, pero la he perdido. Qué se le va a hacer.
Mary volvió a contemplar el negro espejo que tenÃa a sus pies.
El hombre se puso a su lado tratando de acallar la voz de su conciencia, pero no pudo. Volvió a tirarle del brazo. Ella lo miró como si lo hubiera olvidado.
—¿Qué es lo que quiere? —preguntó fatigada.
—¡Ven conmigo, maldita sea! —replicó cogiéndola del brazo para levantarla.
Ella se levantó y le siguió obediente y dócil como una niña pequeña.