Mary Barton
Mary Barton Job se sentÃa cada vez más inquieto. TenÃa ganas de levantarse y asomarse a la ventana, pero temÃa interrumpir al señor Bridgenorth. Por fin, no pudo resistirlo más, se levantó y cruzó despacio la habitación, tratando de no hacer ruido con las botas. La oscuridad que habÃa cubierto el cielo, y que tanto habÃa impresionado a Mary en mar abierto, todavÃa era más perceptible en el oscuro y sórdido callejón. Job estaba cada vez más nervioso. Incapaz de estarse quieto, empezó a pasearse por el cuarto, haciendo caso omiso de los gestos y exclamaciones de impaciencia del señor Bridgenorth, que oÃa sus movimientos furtivos y el crujido de sus botas yendo y viniendo a sus espaldas.
Le caÃa bien Job y tenÃa interés en salvar a Jem; de lo contrario sus nervios se habrÃan impuesto mucho antes a su compasión. Pero aquel monótono ruido pudo con él y acabó soltando la pluma, cerrando el portafolios, cogiendo sus guantes y su sombrero e informando a Job de que tenÃa que ir a los juzgados.
—Pero Will Wilson aún no ha llegado —dijo desmoralizado Job—. Deje que vaya a buscarlo a su pensión. TendrÃa que haberlo hecho antes, pero creÃa que llegarÃan en cualquier momento y temÃa cruzarme con ellos. Volveré enseguida.