Mary Barton
Mary Barton Job empezaba a ponerse nervioso. Se sentó en el borde de la silla dispuesto a levantarse de un salto en cuanto aparecieran Mary y Will. Aguzaba el oído cada vez que se oía un ruido o unos pasos en la escalera.
Una vez oyó los pasos de un hombre y su anciano corazón dio un vuelco de alegría. Pero era solo el procurador del señor Bridgenorth, que le llevaba una lista de los casos en los que se habían presentado cargos en el juzgado. La miró por encima y se la mostró a Job diciendo:
—Por supuesto, no es nada nuevo —y continuó escribiendo.
Habían presentado cargos contra James. Claro. Y aun así Job se sintió más triste y preocupado. Le pareció el principio del fin. Había acabado creyendo, de manera gradual y casi imperceptible, en la inocencia de Jem. Poco a poco, se había dejado convencer.
Mary (que estaba en el bote en el ancho río) no llegaba y Will tampoco.