Mary Barton
Mary Barton —¡No!, no tengo mucho más que contarle —prosiguió dicho caballero—. Le pedà que me explicara, con toda confianza, cómo habÃa ido a parar allÃ. Guardó silencio un instante y luego se negó a contestar. Y no solo se negó a responder a esta pregunta, sino que ingenuamente me dijo que no dirÃa una palabra más, me agradeció las molestias y el interés que me habÃa tomado y se despidió de mÃ. Muy poco amable por su parte, ¿no le parece, señor Legh? Y aun asÃ, le aseguro que me inclino veinte veces más a considerarle inocente que antes de la entrevista.
—¡Ojalá llegara ya Mary Barton! —dijo preocupado Job—. Will y ella están tardando mucho.
—SÃ, me temo que ese hombre es nuestra única oportunidad —respondió el señor Bridgenorth, que habÃa empezado a escribir otra vez—. Mandé a Johnson antes de las doce con su citación para decirle que querÃa hablar con él; no me cabe duda de que llegará enseguida. —Se hizo una pausa. El señor Bridgenorth volvió a alzar la mirada y añadió—: El señor Duncombe me prometió venir a declarar sobre su carácter. Le envié una citación el sábado por la noche. Aunque los jurados no prestan demasiada atención a testimonios tan vagos como ése. Por lo general hacen bien, pero en este caso es una calamidad para nosotros, que tenemos que basar todo el caso en la coartada.
La pluma volvió a rasguear y rasguear el papel.