Mary Barton
Mary Barton —De eso nada —dijo su madre poniéndose delante de la puerta.
El muchacho le hizo a Job una mueca, a la que el anciano no respondió, pues sus simpatÃas estaban, como es lógico, de parte de la madre; aunque habrÃa aceptado agradecido la oferta de Charley, pues estaba cansado e impaciente por volver con la pobre señora Wilson, que debÃa de estar preguntándose qué habrÃa sido de él.
—¿Cómo puedo encontrarla? ¿Con quién se marchó, muchacho?
Pero Charley estaba picado por el ejercicio de autoridad de su madre delante de un desconocido y por la mirada seria de éste cuando habÃa querido hacerle reÃr.
—Lo único que sé es que eran barqueros —dijo.
—Pero ¿cómo se llamaba el bote? —insistió Job.
—No me fijé… El Anne, o el William… o un nombre parecido, creo.
—¿De qué muelle zarpó? —preguntó desesperado Job.
—Pues de las escaleras del muelle del PrÃncipe, pero no volverá al mismo, porque el vapor americano arriba con la marea y siempre amarra allà e impide el paso a las embarcaciones más pequeñas. Además hace muy mala tarde —añadió con perversidad.