Mary Barton
Mary Barton —¡En fin, se hará la voluntad de Dios! TenÃa la esperanza de que pudiésemos salvar a ese muchacho —dijo con tristeza Job—, pero ahora vuelvo a tener mis dudas. También me preocupa Mary… y mucho. No conoce Liverpool.
—Eso me contó —dijo Charley—. Hay peligros que acechan a las jóvenes en cada esquina. Es una pena que no haya nadie para recibirla cuando desembarque.
—No sé cómo iba a ir nadie a recibirla si no sabemos dónde desembarcará. Espero que todo le vaya bien. Es valiente y sensata. Casi seguro volverá aquÃ. De hecho, no se me ocurre otra posibilidad, porque no conoce ningún otro sitio en Liverpool. Señora, si vuelve por aquÃ, ¿permitirá usted a su hijo que la acompañe al número 8 de Back Garden Court, donde hay unos amigos esperándola? Le daré seis peniques por las molestias.
La señora Jones, complacida por el modo en que se habÃa dirigido a ella, accedió encantada. E incluso Charley, por mucho que al principio le indignara la idea de que su madre vigilara asà sus movimientos, se dejó convencer por la perspectiva de los seis peniques y la probabilidad de acercarse un poco más al corazón de aquel misterio.
Pero Mary no volvió.