Mary Barton
Mary Barton —¿Lo ves, hijo mÃo? —dijo cuando recobró el dominio de la voz—. ¿Ves la recompensa de ser una buena persona? Gracias a eso he podido hablar bien de ti y el jurado no ha tenido valor de condenarte. ¿Ves cómo hice bien en venir a Liverpool? SabÃa que hacÃa bien en venir y que podrÃa ayudarte, Dios te bendiga, hijo mÃo. Pero estás muy pálido y tembloroso.
Él la besó una y otra vez sin dejar de mirar como si buscara a alguien sin encontrarlo, y cuando habló volvió a decir:
—¿Dónde está?