Mary Barton
Mary Barton »No tardĂ© mucho en dejar de vivir segĂşn los Evangelios, pero fue lo más cerca que he estado del cielo en este mundo. La buena de Alice me animaba, pero todos los demás me decĂan: “Lucha por tus derechos o nunca los conseguirás”; mi mujer y mis hijos no hacĂan más que llorar, asĂ que acabĂ© haciendo lo mismo que otros… Luego muriĂł Tom. Ya sabĂ©is lo que ocurrió… Me estoy quedando sin aliento, y apenas veo nada. —Luego añadiĂł tras unos minutos de silencio—: Aunque ahora sea lo que soy, antes amaba de forma natural a mis semejantes. Creo que en otra Ă©poca habrĂa apreciado incluso a los patronos si me lo hubiesen permitido; eso fue en los dĂas en que regĂa mi vida por los Evangelios, antes de que mi niño muriese de hambre. Me sentĂa dividido entre el sufrimiento de la gente y mis esfuerzos por amar a quienes causaban (en mi opiniĂłn) esos sufrimientos.
»Por fin, desistà desesperado de intentar que la gente siguiera las enseñanzas de la Biblia y decidà no seguirlas tampoco yo. A lo mejor ya os lo he contado. Pero desde ese momento, no he hecho más que hundirme, hundirme… hundirme.
Después no dijo más que frases inconexas.
—No pensĂ© que fuese un anciano asĂ… ¡Oh, si me hubiera perdonado…!
Luego empezĂł a rezar muy serio y fervoroso casi sin respirar.