Mary Barton
Mary Barton Job Legh había vuelto a casa destrozado por este golpe inesperado. Mary y Jem esperaron juntos la llegada de la muerte; pero a medida que se acercaba la hora final y empezaba a amanecer, Jem pensó en un remedio para la respiración jadeante del enfermo y salió a comprarlo en una farmacia que estaba abierta a esas horas tan tempranas.
En su ausencia, Barton empeoró, se cayó de la cama y casi dejó de respirar; Mary trató en vano de levantarlo, estaba demasiado débil y cansada después de tantos disgustos.
Así que, al oír entrar a alguien, llamó a Jem para que fuese a ayudarla.
Los pasos que oyó en las escaleras no eran los de Jem.
El señor Carson estaba en el umbral. En un instante se hizo cargo de lo que ocurría.
Levantó el cuerpo inerte; y el alma antes de partir lo miró agradecida desde sus ojos. El anciano sostuvo al moribundo entre sus brazos. John Barton juntó las manos como si rezara.
—Ruega por nosotros —dijo Mary, hincándose de rodillas y olvidando en aquel momento solemne todo lo que había separado a su padre y al señor Carson.
No se le ocurrieron otras palabras que las que él había leído unas horas antes.