Mary Barton
Mary Barton —Señor, ten piedad. Perdona nuestras deudas asà como nosotros perdonamos a nuestros deudores.
Y, nada más decir estas palabras, John Barton expiró entre los brazos del señor Carson.
Asà concluyó la tragedia de la vida de un hombre pobre.
Mary no se enteró hasta al cabo de muchos minutos. Cuando recobró la conciencia estaba en brazos de Jem en el asiento del cuarto de abajo. Job y el señor Carson se hallaban allà hablando en voz baja y solemne. Luego el señor Carson se despidió y se marchó; y Job dijo en voz alta como si hablara para sus adentros:
—Dios ha oÃdo las oraciones de este hombre y le ha dado consuelo.