Mary Barton
Mary Barton Se detuvo, y con lágrimas de sagrada compasión en los ojos, Alice dio las gracias a la cantante, que recobró su aire tranquilo y recatado con gran sorpresa por parte de Mary, pues Margaret la miró sin inmutarse, como sorprendida de que aquel don oculto no se reflejara en su apariencia exterior.
Cuando concluyeron las breves palabras de agradecimiento de Alice, se produjo un silencio y pudo oírse una bonita, aunque más bien temblorosa, voz masculina que repetía una o dos estrofas de la canción de Margaret.
—¡Es mi abuelo! —exclamó la joven—. Tengo que irme, me había dicho que no llegaría a casa hasta las nueve y media.
—Bueno, no diré que no, porque tengo que levantarme a las cuatro para ir a lavar ropa a casa de la señora Simpson; pero me encantaría volver a veros cuando queráis, chicas; y espero que os sigáis viendo.
Mientras subían las escaleras del sótano, Margaret dijo:
—Pasa un momento a ver a mi abuelo. Me gustaría que te conociera.
Y Mary aceptó.