Mary Barton
Mary Barton Pero de pronto, mientras meditaba en busca de motivos que le indujeran nuevamente a la acción; mientras consideraba las ansias de riqueza, de distinción social, de renombre entre los príncipes del comercio a quienes frecuentaba, y veía cómo esas falsas sustancias se convertían en las sombras que eran en realidad y desaparecían una tras otra en la tumba de su hijo; de pronto, digo, se le ocurrió que todavía le faltaba por saber mucho de las circunstancias y los motivos que habían empujado a John Barton a cometer aquel crimen; y desde el momento en que se despertó esta triste curiosidad pareció cobrar fuerzas con cada minuto que pasaba sin satisfacerla. Mandó, pues, un recado a Job Legh y a Jem Wilson con la esperanza de que le ayudaran a dilucidar lo que seguía sin aclararse, y fue también a visitar al señor Bridgenorth, de quien sabía que había sido el abogado de Jem, dominado por la vaga sospecha, que trataba de descartar, de que Jem hubiera tenido algo que ver con la muerte de su hijo.