Norte y sur
Norte y sur —¡Oh no! —dijo Margaret—. Con semejante aire de resolución y poder ninguna cara puede ser vulgar ni ordinaria, por poco agraciada que sea. No me gustarÃa tener que negociar con él, parece inflexible. En conjunto, mamá, tiene aspecto de un hombre hecho para su medio: sagaz y fuerte, como corresponde a un buen comerciante.
—No llames comerciantes a los industriales de Milton, Margaret —dijo su padre—. Son muy diferentes.
—¿De verdad? Yo llamo comerciantes a todos los que tienen algo tangible que vender. Pero si crees que el término es incorrecto, no lo emplearé, papá. Y, hablando de vulgaridad y ordinariez, mamá, ¡prepárate para ver el empapelado de nuestra sala! ¡Rosas de color rosa y azul con las hojas amarillas! ¡Y una cornisa gruesa alrededor de la habitación!
Pero cuando se trasladaron a su nueva casa de Milton, el empapelado aborrecible habÃa desaparecido. Dieron las gracias al casero, que las aceptó tan tranquilo, dejando que creyeran, si querÃan hacerlo, que se habÃa vuelto atrás de su firme resolución de no cambiar el empapelado. No tenÃa por qué molestarse en explicarles que lo que no harÃa por un reverendo señor Hale desconocido en Milton, estaba dispuesto a hacerlo de muy buen grado ante la breve y escueta amonestación del señor Thornton, el acaudalado fabricante.