Norte y sur
Norte y sur —Yo nunca he visto el mar —susurró Bessy—. Pero siga.
—Y hay también extensos campos aquà y allá, muy altos, como si estuvieran sobre las mismas copas de los árboles.
—Eso me encanta. Me sentÃa sofocada abajo. Cuando salgo a dar un paseo siempre deseo subir a lo alto y mirar a lo lejos y respirar hondo aquel aire. Me siento bastante agobiada en Milton, y creo que me aturdirÃa el sonido del que habla entre los árboles, que continúa por siempre jamás. Es lo que hacÃa que me doliera tanto la cabeza en el taller. Pero en esos campos me parece que hay poco ruido, ¿verdad?
—Sà —contestó Margaret—. Sólo se oye alguna que otra alondra en el aire. Yo a veces oÃa a algún granjero que reñÃa a voces con dureza a sus sirvientes, pero era tan lejos que sólo me recordaba gratamente que otra gente se afanaba en el trabajo en algún lugar remoto, mientras yo estaba tranquilamente sentada en el brezal sin hacer nada.