Norte y sur
Norte y sur —¡SĂ! VivĂ allĂ varios años. Pero mi hogar estaba en el bosque; en el campo.
—Cuénteme cómo es —dijo Bessy—. Me gusta que me cuenten cosas del campo y los árboles y todo eso.
Se recostĂł y cerrĂł los ojos, cruzando las manos sobre el pecho, en perfecto reposo, como si se dispusiera a captar todas las ideas que pudiera sugerir Margaret.
Margaret no habĂa hablado nunca de Helstone desde que se habĂa marchado, a no ser para nombrarlo casualmente. Lo veĂa en sueños más vĂvido que la realidad, y cuando se abandonaba al sueño por la noche su memoria vagaba por todos los sitios agradables del lugar. Pero entonces abriĂł el corazĂłn a aquella muchacha.
—¡Oh, Bessy! No sabes cuánto amaba el hogar que dejamos. Me gustarĂa que lo conocieras. No puedo explicarte ni la mitad de su belleza. Hay árboles enormes que lo rodean por todas partes, cuyas ramas se extienden largas y horizontales y dan una sombra densa y acogedora incluso al mediodĂa. Y sin embargo, aunque pueden verse todas sus hojas inmĂłviles, hay siempre un sonido de movimiento rápido alrededor, no muy cerca. En algunos lugares, el cĂ©sped es tan suave y tan fino como terciopelo; y en otros, exuberante por la perenne humedad de un arroyo cantarĂn prĂłximo. Y en otras partes, hay helechos ondulantes, campos enteros de helechos; unos verdes a la sombra y otros iluminados por el sol: exactamente igual que el mar.