Norte y sur
Norte y sur No había consuelo posible. La señora Hale se volvió hacia la pared y permaneció totalmente inmóvil, sumida en su desesperación materna. Nada podía decirse para consolarla. Retiró la mano de la de Margaret con un leve movimiento de impaciencia, como si deseara quedarse a solas con el recuerdo de su hijo. Cuando llegó el señor Hale, Margaret se marchó agobiada por la tristeza. No veía ninguna luz esperanzadora en ninguna parte del horizonte.