Norte y sur
Norte y sur Gustos y aversiones
Mi corazón se rebela en mi interior, y dos voces
se hacen audibles en mi pecho.
WALLESNTEIN[29]
Margaret encontró dos cartas sobre la mesa al llegar a casa: una era una nota para su madre; la otra había llegado en el correo y evidentemente era de su tía Shaw: cubierta de matasellos extranjeros, fina, plateada y susurrante. Alzó la otra y estaba examinándola cuando llegó súbitamente su padre.
—¡Así que tu madre está cansada y se ha acostado temprano! Mucho me temo que un día tan tormentoso no haya sido el mejor del mundo para la visita del médico. ¿Qué ha dicho? Dixon me dice que habló contigo sobre ella.
Margaret vaciló. Su padre adoptó una expresión más seria y preocupada.
—¿No creerá que está gravemente enferma?
—No de momento; dice que necesita cuidados; ha sido muy amable, y me dijo que volvería para ver el efecto de los medicamentos.
—Sólo cuidados, ¿no ha aconsejado un cambio de aires? ¿No ha dicho que esta ciudad cargada de humo la perjudica, eh, Margaret?
—¡No! Ni siquiera lo mencionó —contestó ella rotundamente—. Estaba preocupado, me parece.
