Norte y sur
Norte y sur —Los médicos siempre adoptan esa actitud preocupada; es algo profesional dijo él.
Margaret advirtió en el nerviosismo de su padre que la primera impresión de posible peligro habÃa hecho mella en su mente, a pesar de quitar importancia a lo que le decÃa ella. No podÃa olvidar el tema, no podÃa dejarlo y pasar a otras cosas. Siguió volviendo a él toda la velada, reacio a aceptar incluso la más leve idea desfavorable, lo cual entristeció a Margaret profundamente.
—Esta carta es de tÃa Shaw, papá. Ha llegado a Nápoles y le parece una ciudad demasiado calurosa, asà que se ha instalado en Sorrento. Pero creo que no le gusta Italia.
—¿Y no te dijo nada sobre la dieta?
—Sólo que debÃa ser nutritiva y suave. Mamá tiene un apetito excelente, creo yo.
—SÃ, por eso es más extraño que se le ocurriera hablar de la dieta.
—Se lo pregunté yo, papá. —Siguió otra pausa; luego, Margaret continuó—: TÃa Shaw dice que me ha enviado unos adornos de coral, papá; pero que teme que los disidentes de Milton no los aprecien —añadió, esbozando una leve sonrisa—. Ha sacado todas sus ideas sobre los disidentes de los cuáqueros, ¿verdad?