Norte y sur
Norte y sur —¿Eh, Margaret? —repitió, moviendo nervioso las manos. ParecÃa cruel negarle el consuelo que anhelaba. Y además, su vehemente negativa a admitir la existencia de temor casi infundió esperanzas a la propia Margaret.
—Creo que está mejor desde anoche —le dijo—. Tiene la mirada más viva y la tez más clara.
—Dios te bendiga —dijo su padre de corazón—. Pero ¿es cierto? Ayer hacÃa tanto bochorno que todo el mundo se sentÃa mal. Fue un dÃa funesto para que la viera el doctor Donaldson.
Él se fue a atender sus obligaciones diarias, que habÃan aumentado con la preparación de algunas conferencias que se habÃa comprometido a dar a los trabajadores en un liceo próximo. HabÃa elegido como tema la arquitectura eclesiástica, bastante más acorde con su gusto y conocimientos que con el carácter del lugar o los géneros concretos de información que deseaban los que serÃan sus oyentes. En cuanto a la propia institución, que tenÃa muchas deudas, estaba encantada de que impartiera un curso gratis un hombre culto e inteligente como el señor Hale, fuera cual fuese el tema.
—Y bien, madre, ¿quién ha aceptado tus invitaciones para el veintiuno? —preguntó aquella noche el señor Thornton.