Norte y sur
Norte y sur —Creo que tiene razón —repuso el señor Lowe—. Si su madre está tan enferma como me ha contado en el camino seria muy grave que se enterara del disturbio y no viera a su hija en casa a la hora que la espera. La herida no es profunda. Buscaré un coche si sus sirvientas aún tienen miedo de salir.
—¡Muchas gracias! —dijo Margaret—. Me sentará mejor que nada. Es el aire de esta habitación lo que me hace sentirme tan mal.
Se recostó en el sofá y cerró los ojos. Fanny pidió a su madre por señas que saliera de la habitación y le explicó algo que le hizo desear la partida de Margaret tanto como a ella. No es que creyera del todo la historia de Fanny. Pero sà lo suficiente para que su actitud con la joven fuese un tanto forzada al despedirla.
Regresó el señor Lowe en el coche.
—La acompañaré a casa, si me lo permite, señorita Hale. Las calles no están muy tranquilas todavÃa.