Norte y sur
Norte y sur —Tal vez crea que me extralimité enviando a Mary a buscarla ayer. Pero las voces y la discusión me destrozaron y cuando se marchó mi padre pensé, ay, si pudiera oÃr su voz leyéndome algunas palabras prometedoras y pacÃficas me desvanecerÃa en el silencio y el descanso de Dios como un niño pequeño que se duerme con la nana de su madre.
—¿Quieres que te lea un capÃtulo ahora?
—¡SÃ, por favor! A lo mejor al principio no atiendo al sentido; me parecerá muy lejano, pero cuando llegue a la parte que me gusta, a los textos reconfortantes, me sonará muy próximo y creo que me atravesará, como si dijéramos.
Margaret empezó a leer. Bessy se balanceaba a un lado y a otro. Se esforzaba en atender un momento y al siguiente parecÃa doblemente agitada. Al fin, exclamó:
—No siga leyendo. Es inútil. Estoy blasfemando todo el rato pensando furiosa en lo que no tiene remedio. ¿Se ha enterado del tumulto de ayer en Marlborough Mills? Ya sabe, la fábrica de Thornton.
—Tu padre no fue, ¿verdad? —dijo Margaret, ruborizándose intensamente.
—Él no. Él hubiera dado la mano derecha para que no pasara. Eso es lo que me preocupa. Está completamente destrozado por ello. No sirve de nada decirle que los idiotas siempre rompen las barreras. No hay hombre más desmoralizado que él.