Norte y sur

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—Porque, verá, él es miembro del comité de esta huelga especial. El sindicato lo nombró porque, aunque no esté bien que lo diga yo, está considerado como un hombre inteligente y honrado a carta cabal. Y él y los otros delegados hicieron los planes. Tenían que aguantar unidos contra viento y marea; y todos tenían que aceptar lo que pensara la mayoría, quisieran o no. Y sobre todo, había que respetar la ley. La gente los apoyaría si los veían esforzarse y pasar necesidad con paciencia. Pero en cuanto hubiera el menor rumor de lucha y enfrentamiento (aunque fuera con los esquiroles) se acabaría todo, lo sabían por la experiencia de todas las veces anteriores. Intentarían hablar con los esquiroles y convencerlos, y razonar con ellos y tal vez advertirlos. Pero el sindicato ordenó a todos los afiliados que aguantaran hasta morir si era necesario sin dar un golpe, pasara lo que pasara; estaban seguros de que así contarían con la opinión pública. Y además de todo eso, el comité sabía que tenían razón en su demanda y no quería que se mezclara la verdad con la mentira hasta el punto en que la gente ya no puede separarlas lo mismo que yo no puedo separar los polvos de la medicina de la jalea que me regaló para mezclar; la jalea es mucho mejor, pero los polvos lo impregnan todo. Bueno, ya le he hablado bastante de esto, y estoy agotada. Usted misma puede deducir lo que supone para mi padre ver todo su trabajo deshecho por un estúpido como Boucher, que tiene que ir contra las normas del comité y destrozar la huelga como si se propusiera ser un Judas. Claro que padre se las cantó bien claras anoche. Llegó a decirle que iría a la policía y les explicaría dónde podían encontrar al cabecilla de la revuelta; que se lo entregaría a los patronos para que hagan lo que quieran con él. Demostraría a todo el mundo que los verdaderos dirigentes de la huelga no eran como Boucher, sino hombres serios y sensatos; buenos trabajadores; y buenos ciudadanos, partidarios de la ley y el buen juicio y defensores del orden. Que sólo querían un salario justo y que no trabajarían aunque se murieran de hambre hasta que lo consiguieran; pero que nunca dañarían la propiedad ni la vida. Porque —bajó la voz— dicen que Boucher tiró una piedra a la hermana del señor Thornton, y que a poco la mata.


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