Norte y sur
Norte y sur —Y lo hará, mamá; no llores, por favor, madre querida. Escribiré ahora mismo, me verás hacerlo y saldrá en este mismo correo. Y si papá lo considera oportuno, puede escribir de nuevo cuando llegue; es sólo un dÃa de retraso. Mamá, por favor, no llores con tanta pena.
La señora Hale no podÃa contener las lágrimas; lloraba histérica y, en realidad, no hacÃa el menor esfuerzo para controlarlas, sino que conjuraba todas las imágenes del pasado feliz y el probable futuro: imaginando la escena en que yacerÃa de cuerpo presente con el hijo a quien tanto habÃa anhelado ver en vida llorando junto a ella, y ella inconsciente de su presencia, hasta que la lástima de sà misma la sumió en un estado de agotamiento y sollozos que acongojó a Margaret. Pero al final se tranquilizó y observó anhelante a su hija, que habÃa empezado a escribir la carta, una breve misiva urgente. La cerró en seguida por miedo a que su madre le pidiera que se la enseñara: y luego, para asegurarse todavÃa más, y a petición de la señora Hale, la llevó ella misma al correo. Su padre la alcanzó en el camino de vuelta a casa.
—¿Y dónde ha estado mi linda doncella? —le preguntó.