Norte y sur
Norte y sur —SÃ. El gobierno tiene que tomar medidas muy estrictas para la represión de delitos contra la autoridad, por supuesto, y sobre todo en la Marina, donde el oficial al mando ha de estar rodeado a ojos de sus hombres de la vÃvida conciencia del poder del paÃs que le respalda, protege su causa y venga las ofensas que le hayan hecho si fuere necesario. A ellos no les importa hasta qué punto sus autoridades han tiranizado, enfurecido a los temperamentos vivos hasta la locura, o, aunque eso pudiera ser después una excusa, no se acepta nunca en primera instancia; no se ahorran gastos, envÃan barcos, recorren los mares para apresar a los infractores, los años transcurridos no borran la memoria del delito, sigue siendo un crimen reciente y vÃvido en los libros del Almirantazgo hasta que se borra con sangre.
—¡Ay, papá, qué he hecho! Y sin embargo me parecÃa tan correcto en el momento. Estoy segura de que el propio Frederick se hubiera arriesgado.
—Lo harÃa; ¡deberÃa hacerlo! Bueno, Margaret, me alegra que se haya hecho, aunque no me atreviera a hacerlo yo. Mejor que haya sido asÃ. Yo habrÃa vacilado hasta que quizá hubiera sido demasiado tarde para servir de algo. Querida Margaret, has hecho lo correcto; y el final queda fuera de nuestro control.