Norte y sur
Norte y sur Todo estaba muy bien; pero el relato que hizo su padre del castigo implacable que se imponía a los amotinados horrorizó a Margaret. ¿Y si hubiera atraído a su hermano a casa para borrar la memoria de su error con su propia sangre? Vio que la angustia de su padre era más honda que la fuente de la que habían surgido sus últimas palabras animosas. Le tomó del brazo y regresó a casa con él, pensativa y agotada.