Norte y sur
Norte y sur Fue un considerable alivio para Margaret que Frederick decidiera mirar por encima del hombro mientras escribÃa al señor Lennox. Si no se hubiera visto forzada a escribir concisa y rápidamente, podrÃa haber vacilado, parándose a considerar cada palabra sin saber elegir entre múltiples expresiones, debido al embarazo de ser la primera en reanudar la relación que habÃa terminado de forma tan desagradable para ambas partes. Sin embargo, su hermano tomó la nota casi sin darle tiempo a leerla, y se la guardó en un libro de bolsillo del que cayó al hacerlo un rizo de pelo negro, que iluminó de dicha los ojos de Frederick.
—Te gustarÃa verlo, ¿verdad? —preguntó—. ¡No! Tienes que esperar a verla a ella. Es demasiado perfecta para que la conozcas por fragmentos. Ningún mÃsero ladrillo será una muestra del edificio de mi palacio.