Norte y sur

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Capítulo XXXIII

Paz

¡Duerme, amor mío, en tu lecho helado,

que nada turbe tu sueño!

Mi último buenas noches: no despertarás

hasta que yo alcance tu destino.

DR. KING[57]

La casa parecía extrañamente silenciosa después de tanto terror y conmoción. El señor Hale había supervisado los preparativos necesarios para el refrigerio de Margaret cuando regresara y luego se había sentado de nuevo en su sillón habitual para entregarse a uno de sus tristes ensueños. Dixon reprendía y daba instrucciones a Mary Higgins en la cocina, y su reprimenda no era menos enérgica por que la hiciese en un susurro irritado, sino que consideraba irreverente hablar a voces mientras hubiera un difunto en la casa. Margaret había decidido no mencionar el susto culminante y final a su padre. No tenía sentido hacerlo, había acabado bien y lo único preocupante era que Leonards pudiese conseguir de algún modo que le prestaran dinero suficiente para llevar a cabo su propósito de seguir a Frederick a Londres y buscarlo allí. Pero era muy improbable que lograra llevar a buen término su plan, así que Margaret decidió no atormentarse pensando en algo que no podía evitar. Frederick se cuidaría tanto como pudiera protegerle ella, y estaría a salvo fuera de Inglaterra en un par de días a más tardar.


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