Norte y sur
Norte y sur Expiación
No hay nada tan finamente tejido
que no llegue al sol[59].
El señor Thornton seguía allí. Tenía la impresión de que su compañía complacía al señor Hale y se sentía conmovido por el ruego anhelante y quedo de que se quedara un poco mas: el quejumbroso «No se vaya todavía» que su amigo sugería de vez en cuando. Le extrañaba que no volviera Margaret. Pero no se demoró con la idea de verla. Se mostró razonable y sereno por la hora y por hallarse en presencia de alguien que sentía tan profundamente la insignificancia del mundo. Le interesaba mucho todo lo que el señor Hale decía.
De la muerte, de la tensa calma
y del cerebro que se embota.
