Norte y sur
Norte y sur Hubo una breve pausa. Margaret no sabía si debía decir lo que pensaba. No quería irritar a alguien que ya estaba bastante disgustado y abatido. Al final lo dijo. Pero en tonos suaves y a su modo renuente, demostrando que no pretendía decir nada desagradable, y no molestó a Higgins, sólo le desconcertó.
—¿Recuerda que el pobre Boucher dijo que el sindicato era un tirano? Creo que dijo que era el peor tirano del mundo. Y recuerdo que entonces le di la razón.
Higgins se tomó mucho tiempo para contestar. Tenía la cabeza apoyada en las manos y miraba el fuego, por lo que Margaret no podía verle la cara para interpretar su expresión.