Norte y sur
Norte y sur —Son casi las siete —le dijo—. Las tardes son más largas ahora. Vamos, papá.
No respiró tranquila hasta que estuvieron a una prudente distancia de la casa. Entonces, más calmada ya, lamentó haberse apresurado tanto. Porque ya casi nunca veÃa al señor Thornton y habrÃa sido agradable verlo aquella noche si iba a casa de Higgins, por la antigua amistad.
¡SÃ! Ya casi nunca iba a ver al señor Hale, ni siquiera por el frÃo y aburrido propósito de las clases. El señor Hale estaba disgustado por el desinterés de su alumno acerca de la literatura griega que tanto entusiasmo despertara en él hacÃa poco tiempo. SolÃa llegar una nota apresurada del señor Thornton en el último momento, en la que le comunicaba que estaba tan ocupado que no podÃa ir a la clase con el señor Hale. Y, aunque otros alumnos habÃan ocupado más que su lugar en cuanto a tiempo, ninguno ocupaba el lugar de su primer estudiante en el corazón del señor Hale. Estaba triste y deprimido por este cese parcial de una relación que habÃa llegado a apreciar tanto, y solÃa sentarse a cavilar sobre la razón que podÃa haber ocasionado aquel cambio.
Una noche sorprendió a Margaret, que estaba sentada con su labor, preguntándole súbitamente:
—¡Margaret! ¿Has tenido alguna vez motivos para creer que el señor Thornton se interesaba por ti?