Norte y sur
Norte y sur —A decir verdad —dijo—, me desconcierta bastante. Es dos tipos. Uno que conocÃa hace tiempo como patrono cien por cien. El otro no tiene nada de patrón. No sé cómo pueden estar ambos unidos en el mismo cuerpo. Es un misterio que tengo que aclarar. Pero no me doy por vencido por eso, sin embargo. Mientras tanto, él viene aquà con frecuencia, y asà he conocido al individuo que es un hombre, no un patrón. Y creo que yo le desconcierto a él tanto como él a mÃ, porque se sienta y escucha y mira como si yo fuera un animal raro recién capturado en alguna de las zonas. Pero no me amilano. HarÃa falta mucho para amilanarme en mi propia casa, como él comprende. Y le digo algunas de mis opiniones que me parece que hubiera sido mejor que le explicaran cuando era más joven.
—¿Y no le contesta? —preguntó el señor Hale.
—¡Bueno! No diré que sólo se beneficie él, aunque me atribuya el mérito de mejorarlo bastante. A veces dice alguna que otra cosa burda que no resulta agradable al principio, pero que luego cuando lo rumias tiene un sabor raro a verdad. Me parece que vendrá esta noche, por lo de la escuela de los niños. No está satisfecho con la calidad y quiere examinarlos.
—¿Cuáles son…? —empezó a decir el señor Hale, pero Margaret le tocó el brazo y le enseñó el reloj.