Norte y sur
Norte y sur Durante todas aquellas semanas no hubo ninguna noticia del viaje del señor Bell a Milton. Él le había comentado en Helstone que tendría que ir bastante pronto; pero debía de haber solucionado los asuntos por carta, pensó Margaret, y sabía que no iría a un lugar que le desagradaba si podía evitarlo. Y además, poco entendía él la importancia secreta que daba ella a la explicación que sólo podía darse de viva voz. Sabía que él consideraba necesario que se hiciera; pero poco importaba que fuera en verano, otoño o invierno. Estaban en agosto y no había habido mención alguna del viaje a España del que le había hablado a Edith, y Margaret procuraba resignarse a que su ilusión se desvaneciera.
Pero una mañana recibió una carta en la que le comunicaba que iría a la ciudad a la semana siguiente; quería hablarle de un plan que se le había ocurrido; y además, se proponía someterse a un pequeño tratamiento, pues había empezado a aceptar su opinión de que sería agradable pensar que se debía más a su salud que a él mismo que se sintiera irritable y enfadado. La carta tenía un tono general de animación forzada que Margaret advertiría después; pero entonces acapararon su atención las exclamaciones de Edith.