Norte y sur
Norte y sur —¿No puede hacerle entrar en razón el obispo? —preguntó la señora Hale, casi impaciente.
—Me temo que no —dijo Margaret—. Pero no se lo pregunté. No hubiera soportado lo que pudiera contestarme. Todo está arreglado hasta cierto punto. Dejará Helstone dentro de quince dÃas. No sé exactamente si dijo que habÃa presentado la renuncia.
—¡Quince dÃas! —exclamó la señora Hale—. Creo que todo esto es muy extraño, y nada correcto. Me parece insensible —dijo, empezando a relajarse con las lágrimas—. Dices que tiene dudas y que renuncia al beneficio, y todo sin consultarme. Creo que si me hubiera explicado sus dudas al principio, podrÃa haberlas cortado de raÃz.
Margaret pensaba que su padre no habÃa obrado bien, pero no soportaba oÃrselo decir a su madre. SabÃa que la reserva de él se debÃa al cariño que sentÃa por ella, y que podÃa ser cobarde pero no insensible.
—Casi esperaba que te alegraras de dejar Helstone, mamá —dijo, tras una pausa—. Nunca te has sentido bien en este aire, ya sabes.