Norte y sur
Norte y sur Cuando el señor Lennox se despidió, Margaret le dijo sin poder contener el rubor y cierta vacilación:
—¿PodrÃa hablar con usted mañana? Necesito su ayuda acerca de… de algo.
—Por supuesto. Vendré a la hora que me diga. No puede proporcionarme mayor placer que el de permitirme servirla en lo que sea. ¿A las once? De acuerdo.
Un brillo jubiloso animó la mirada del señor Lennox. ¡Cómo estaba aprendiendo a contar con él! Todo parecÃa indicar que cualquier dÃa de aquellos le darÃa la certidumbre, sin la que habÃa decidido no proponerle matrimonio de nuevo.