Norte y sur
Norte y sur —Pero serÃa tan agradable para todos —alegó Edith—. Yo me sentirÃa siempre cómoda con los niños sabiendo que Margaret está cerca. Ahora siempre tengo miedo de que se vaya a Cádiz.
—Si me caso, procuraré buscar una señorita que sepa manejar a los niños. Es todo lo que puedo hacer. La señorita Hale no me aceptarÃa. Y yo no se lo pedirÃa.
—¿Entonces de qué habéis estado hablando?
—De mil cosas que tú no entenderÃas: inversiones, contratos de alquiler y valor del suelo.
—Pues márchate si eso es todo. Sois insoportablemente estúpidos los dos si habéis estado hablando de cosas tan aburridas todo este tiempo.
—Muy bien. Volveré mañana y traeré al señor Thornton conmigo para hablar un poco más con la señorita Hale.
—¡El señor Thornton! ¿Qué tiene que ver él con eso?
—Es arrendatario de la señorita Hale —dijo el señor Lennox, dándose la vuelta—. Y quiere rescindir el contrato.
—Bueno, muy bien, no entiendo los detalles, asà que no me los expliques.