Norte y sur
Norte y sur —Sà —dijo la señora Hale casi con indignación—, pero de todos modos los Gorman hacÃan carruajes para casi toda la pequeña nobleza del condado y de alguna forma se relacionaban con ella. Pero esa gente de las fábricas, ¿a quién se le va a ocurrir usar algodón si puede usar lino?
—Bueno, mamá, renuncio a los algodoneros; no los estoy defendiendo más que a otros comerciantes. Sólo que tendremos que relacionarnos lo mÃnimo con ellos.
—¿Puede saberse por qué ha elegido tu padre Milton?
—En parte, porque no se parece nada a Helstone —contestó Margaret con un suspiro—; y, en parte, porque el señor Bell dice que allà hay oportunidades para un profesor particular.
—¡Profesor particular en Milton! ¿Por qué no puede ir a Oxford y dar clase a los caballeros?
—¡Lo olvidas, mamá! Deja la Iglesia a causa de sus opiniones: sus dudas no le ayudarÃan nada en Oxford.
La señora Hale guardó silencio un rato, llorando quedamente. Al final dijo:
—Y los muebles, ¿cómo se supone que vamos a organizar el traslado? Nunca, nunca he hecho un traslado, y sólo disponemos de quince dÃas para organizarlo todo.