Ruth
Ruth Varias de ellas alzaron con admiración el precioso vestido de baile que estaban confeccionando, mientras otras, examinándolo, lo juzgaban a modo de verdaderas profesionales. Otras se estiraron haciendo movimientos disparatados para aliviar sus músculos exhaustos; otras pocas dieron rienda suelta a todo tipo bostezos, estornudos y golpes de tos que habÃan reprimido por largo tiempo en presencia de la señora Mason. Pero Ruth Hilton brincó hasta la amplia y vieja ventana apretándose contra ella como un pájaro presiona contra los barrotes de su jaula. Abrió las cortinas y contempló la noche tranquila esclarecida por la luna. Estaba doblemente iluminada —casi tanto como el dÃa— pues la nieve, que caÃa silenciosamente desde la noche anterior, lo habÃa cubierto todo con un espeso manto. La ventana se encontraba en una cuadrada oquedad; las viejas placas de vidrio, pequeñas y raras, habÃan sido remplazadas por otras que daban más luz. A poca distancia, las ramas ligeras de un alerce ondeaban suavemente en la brisa de la noche apenas perceptible.