Ruth
Ruth —¡Señoritas! Haremos una pausa de media hora. Toque la campana señorita Sutton. Martha les traerá pan, queso y cerveza. Háganme el favor de comer de pie —lejos de los vestidos— y espero encontrarlas con las manos limpias y listas para el trabajo cuando esté de regreso, en media hora —dijo de nuevo con voz estentórea; después salió del cuarto.
Fue curioso observar cómo las jóvenes aprovecharon al instante la ausencia de la señora Mason. Una rolliza muchacha —con aspecto particularmente somnoliento— reclinó la cabeza sobre los brazos cruzados quedándose dormida en un momento. Rehusó incluso despertarse para tomar su porción de cena, pero se levantó de un salto con la mirada asustada al escuchar el eco de los pasos aún lejanos de la señora Mason que subÃa la escalera. Dos o tres señoritas se apretujaron contra la pequeñÃsima chimenea, que —con el máximo ahorro de espacio y sin la más mÃnima pretensión ornamental— fue encastrada en la pared sutil y modestamente por el entonces propietario, para subdividir el ambiente del gran salón de la mansión. Algunas emplearon el tiempo en comer el pan y el queso con un movimiento de mandÃbula rÃtmico e incesante (y con una expresión en su rostro estúpidamente plácida), similar al que se puede observar en las vacas que rumian en el primer prado por el que se acierte a pasar.