Ruth
Ruth Aquel junio del 18… fue espléndido, soleado y lleno de flores; pero julio hizo su aparición con una lluvia diluviana; fue un perÃodo negro para los viajantes y turistas paralizados por el mal tiempo, que pasaban sus tediosas jornadas dibujando garabatos, preparando cebos y leyendo por enésima vez los pocos libros que habÃan llevado consigo. Un número antiguo —de cinco dÃas atrás—, del Times, tuvo una demanda continua de todas las habitaciones de cierta posada —en una pequeña villa de montaña de Gales del norte—, durante una mañana entera de julio. Los valles de alrededor estaban cubiertos por una niebla frÃa y densa que trepaba por las laderas de la colina hasta envolver con su espeso manto la pequeña aldea; desde las ventanas del poblado no se podÃa divisar nada del espléndido paisaje circundante. Los turistas que llenaban las habitaciones, habrÃan hecho mejor quedándose en sus casas con sus pequeños y amados niños; y asà efectivamente parecÃan pensar algunos de ellos, mientras estaban allÃ, inmóviles con la cara pegada a los cristales de las ventanas, mirando hacia afuera buscando algún divertimento que llenase sus monótonas jornadas. Como dijo la pobre criada galesa, ¡cuántas comidas se apuró a preparar aquel dÃa, justo para pasar la mañana! Todos los niños de la aldea fueron obligados a permanecer en casa, y si uno o dos de los más aventurados, lograban escabullirse fuera en aquella tierra de tentaciones y charcos, eran atrapados por sus dedicadas pero encolerizadas madres.