Ruth
Ruth —De verdad, Ruth —exclamó un dÃa en que eran prisioneros de la lluvia durante una mañana entera—, alguno podrÃa pensar que no ha visto jamás un temporal antes de ahora; estoy más bien cansado de verla sentada ahÃ, mirando este detestable clima con esa expresión en su rostro tan serena; en las últimas dos horas no ha dicho nada más interesante ni divertido que «¡Oh, qué hermoso!» o «¡Hay otra nube que tiene la forma de Moel Wynn[24]!».
Ruth dejó el banco con mucha delicadeza y retomó su labor. Deseaba tener el don de divertir; para un hombre acostumbrado a una vida activa tenÃa que ser aburrido estar recluido en casa. Por ello trató de salir de su estado de éxtasis. ¿Qué podÃa decir que pudiera interesar al señor Bellingham? Y mientras pensaba, él retomó la conversación:
—Me acuerdo que cuando hace tres años estábamos aquà leyendo, tuvimos este mismo clima durante una semana entera, pero Howard y Johnson eran excelentes jugadores de whist y Wibraham no lo hacÃa mal; asà transcurrieron las jornadas maravillosamente. ¿Sabe usted jugar a ecarté[25] o a picas?
—No señor, alguna vez he jugado a la escoba —respondió Ruth con humildad, ruborizándose de su propia ignorancia.