Ruth
Ruth —¿Me consentirá que la acompañe, si está usted siguiendo el camino que pasa por Cwm Chu, como puedo imaginar? La noche pasada el pasamanos del pequeño puente de madera se quebró con la tormenta. ¡La corriente de las aguas más bajas podrÃa darle vértigo, y es verdaderamente peligroso caer en aquel punto, allà el rÃo es muy profundo!
Continuaron caminando sin hablar mucho. Ella se preguntaba quién podrÃa ser su acompañante. Le habrÃa reconocido si fuese uno de los forasteros que se alojaban en la posada; y sin embargo hablaba muy bien el inglés para ser galés; conocÃa la zona y los senderos a la perfección, asà que debÃa de ser un residente; y asÃ, en su imaginación, lo hacÃa saltar de Inglaterra a Gales y viceversa.
—He llegado aquà ayer —dijo, en cuanto el sendero se hizo un poco más amplio y les permitió caminar uno junto al otro—. La noche anterior me acerqué hasta las cascadas que están más altas; son realmente espléndidas.
—¿Ha salido usted con toda aquella lluvia? —preguntó Ruth tÃmidamente.
—Oh, sÃ. La lluvia no me impide nunca caminar. Es más, le confiere una nueva belleza a un paisaje como éste. Además, el tiempo del que dispongo para organizar mis excursiones es tan poco que no puedo permitirme malgastar un solo dÃa.