Ruth
Ruth —¿Entonces, no vive aqu� —preguntó Ruth.
—¡No! Mi casa está en un lugar muy diferente a éste. Vivo en una ciudad muy bulliciosa, donde a veces es difÃcil dar por cierto que
Existen en esta turbulenta, estupefaciente marea ocupaciones y delitos humanos, sobre los que permanecen las melodÃas de las eternas campanas.
Quien lleva la música en su corazón por caminos oscuros y concurridos mercados, mientras descarga sus obligaciones con pies ocupados porque su alma secreta, repite un canto sagrado.[26]
—Cada año me tomo un periodo de vacaciones, que habitualmente paso en Gales y a menudo en las cercanÃas de esta localidad.
—No me sorprende su elección —replicó Ruth—. Es una zona bellÃsima.
—Lo es realmente; a mà me ha contagiado el viejo propietario de una posada de Conway, enamorado de sus gentes, de su historia y sus tradiciones. He escuchado a escondidas el habla del lugar, lo suficiente para comprender muchas de sus leyendas. Algunas son muy elegantes y majestuosas, otras poéticas y fantasiosas.
Ruth era demasiado tÃmida para participar en la conversación con alguna observación, aunque encontraba muy fascinante sus modos gentiles y melancólicos.