Ruth
Ruth Ruth siguió a la señora Morgan al piso superior. Cuando entraron en la estancia del enfermo, el señor Bellingham estaba sentado en la cama, mirando delirante a su alrededor; en cuanto las vio, exclamó:
—¡Ruth! ¡Ruth! ¡Venga aquÃ! ¡No me deje solo! —y después cayó exhausto sobre la almohada. La señora Morgan se acercó y le habló, pero él no respondió ni se dio cuenta ni siquiera mÃnimamente, de su presencia.
—Haré que llamen al señor Jones, querida. Lo haré seguro; estará aquà en unas horas, si Dios quiere.
—Oh, ¿no puede venir antes? —preguntó Ruth presa del terror.
—No, imposible. Cuando se encuentra en casa, vive en Llanglâs, que está a siete millas de distancia; y además podrÃa haberse alejado ocho o nueve millas de Llanglâs; en cualquier caso mandaré inmediatamente a un muchacho con el poni.